los otros pasan piola

Holodomor

El pasado que explica el presente

(...) la hambruna (el holodomor, “matar de hambre” en ucraniano) no vino de súbito. Mucho menos fue generada por elementos contrarrevolucionarios, sino por la misma revolución.

Paul Laurent

Publicado: 2014-03-19

En abril de 1933 el novelista y funcionario soviético Mijaíl Shólojov redactó dos cartas a Stalin. Imbuido de sus pergaminos revolucionarios (fue miembro del ejército rojo) y de su fama literaria (autor de El don apacible), decidió alertarlo de lo que había visto personalmente en el pueblo ucraniano de Kubán.

Para su espanto, estaba siendo testigo presencial de una de las mayores hambrunas que registra la historia de la humanidad. Junto a ello, también le cupo ver el insano proceder de las autoridades locales en medio de la tragedia. Conmovido al extremo, el sensible hijo de una familia de origen cosaco denunció a Stalin el decomiso de alimentos y los crímenes que a la par realizaban los agentes soviéticos. ¿Esa era la forma lógica de actuar?, debió de haber pensado.

El 6 de mayo Stalin responde. Entiende su primera impresión y acepta “la pequeña enfermedad de nuestro aparato” (que en afán de combatir al enemigo de clase algunos “proletarios” caían en el sadismo). Le informa que su solicitud de ayuda ha sido atendida, pero a la vez le indica que sus cartas denotan “una visión no objetiva” del asunto.

Stalin pasa a explicarle el trasfondo de lo que los ojos de Shólojov no vieron. Textualmente expresa: «Usted ve un aspecto de las cosas, y no ve mal. Pero sólo es un aspecto de las cosas. (…) Y el otro aspecto es que los respetados trabajadores de su distrito —y no solo del suyo— estaban en huelga, llevaban a cabo un sabotaje y ¡estaban dispuestos a dejar sin pan a los obreros y al Ejército!»

En una Unión Soviética donde el 85% de la población era campesina la justificación de Stalin sólo era comprensible a la luz del experimento marxista-leninista de transformación de la “sociedad feudal”. En términos de Stalin, estamos ante el resultado de un fracaso que el propio Stalin no vio.

Así es, la hambruna (el holodomor, “matar de hambre” en ucraniano) no vino de súbito. Mucho menos fue generada por elementos contrarrevolucionarios, sino por la misma revolución. Ya en vida de Lenin Ucrania y otras regiones padecieron ese flagelo. De 1918 a 1922 los intentos bolcheviques de reconducir las economías de sus inmensos dominios (colectivizando tierras y sedentarizando a ancestrales nómades) habían provocado esa misma escasez de alimentos (también sus respectivos crímenes, contados por cientos de miles): el resultado, 5 millones de muertos. Durante el zarismo ese hecho no se desconocía, pero lo que los soviets inauguraron sobrepasó todo lo conocido.

Leyendo a Nicolás Wert (uno de los autores de El libro negro del comunismo), todo indicaría que la hambruna de 1932-1933 pudo haber sido deliberada. Todo acusa que fue una demencial “política pública” de limpieza étnica. Un alevoso genocidio que fue precedido por severas represiones contra los “nacionalistas ucranianos”. Como resultado, el canibalismo se hizo presente en simultáneo al afán de los comisarios stalinistas de que las exportaciones de trigo no se detengan. No se podía frenar la industrialización de la URSS. Y no se detuvieron a pesar de que los efectos del holodomor llegaron a las regiones rurales moscovitas.

Wert estima que 40 millones de personas sufrieron esa tragedia, siendo Ucrania la gran castigada: alrededor de 4 millones de muertos (mayormente “contrarrevolucionarios” campesinos). Kazajstán puso 1 millón y el Cáucaso Norte junto con la región de las tierras negras otro millón más.


Escrito por

Paul Laurent

Ensayista. Autor de los libros \"Summa ácrata. Ensayo sobre la justicia y el individuo\" (2005), \"La política sobre el derecho\" (2005), \"Teología y política absolutista en la génesis del derecho moderno\" (2005) y \"El misterio de un liberal. El extraño sen


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Odiseo en tierra

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